Como psicóloga siempre quise ser terapeuta. Quería ayudar a las personas a que pudieran comprenderse a sí mismas y a que sufrieran menos. Durante mis estudios, me di cuenta que era yo quien necesitaba entenderse más y sufrir menos. Fui al psicoanalista por muchos años, investigué sobre el género, la diversidad, la inclusión, las formas en la que nos hacemos sujetos, mujeres y hombres, femeninos y masculinos. Estudié cómo materializamos el cuerpo a través de nuestras prácticas y hábitos; cómo nos hacemos a un cuerpo, creando nuestros propios movimientos y creencias. Viajé, bailé. Conocí diferentes personas, culturas, lugares; aprendí idiomas, de la vida, de lo que planeé, pero sobre todo de las sorpresas con las que me fui encontrando en el camino. Aún me sigo moviendo y aprendiendo, pero sobre todo, ahora creo, comparto, propongo, sugiero, asisto, colaboro, invito, invento, conecto, entre otras.
En todo ese proceso, la danza se convirtió en un elemento clave para el entendimiento de quien soy y de cómo me muevo por la vida. Para entender y relacionarme también con los demás y con el planeta.
Como psicóloga nunca estuve del todo satisfecha con la forma en como se abordaba el cuerpo y el movimiento. Si bien siempre he disfrutado del uso de la palabra, con el tiempo me fui quedando sin un discurso con el cual expresarme. Agoté la palabra en sesiones sentada o acostada en un diván.
Muy agradecida con mis maestros psicoanalistas, un día caí en cuenta de que necesitaba seguir viviendo. Que sólo hablar y reflexionar sobre lo que me pasaba día a día, no era suficiente. Es decir, comprendí que necesitaba moverme, actuar. Entendí que la angustia sobre lo que me pasaba era intrínseca al hecho de no saber exactamente qué ocurriría, a que estaba enfocada más en el futuro que en el presente. Comprendí que la incertidumbre del futuro viene con la vida misma; el hecho de que no todo se puede planear y cumplir al pie de la letra, de que no todo es controlable y predecible.
Viviendo, me he dado cuenta de que mi camino no hubiera sido posible sin aquellas personas que me acompañaron a hacer consciente, lo inconsciente de mi discurso verbal, si no hubiera puesto atención a mi sentir, pensar y actuar del momento. Pero al igual que mi vida no sería hoy la misma sin mis terapeutas (que han sido varios, por cierto), tampoco sería lo mismo, esta corriente de abundancia, sin la danza y el movimiento expresivo que me he permitido aprender y explorar rigurosamente en mis últimos 15 años.
Por esto, hoy me dedico no sólo a pensar sino a compartir prácticas corporales que ayudan a expandir nuestra percepción y, en consecuencia, nuestra consciencia, nuestras mentes. Cuando equiparamos el valor de nuestros cuerpos, nuestro sentir y percibir, con nuestro pensamiento, con nuestra razón, nos volvemos como dice Eduardo Galeano y nuestro sociólogo Fals Borda, seres sentipensantes. Nuestro cuerpo deja de estar dividido y se convierte en esa unidad poderosa a través de la cual podemos encontrar nuestras verdades y potenciar quiénes somos realmente, de manera infinitamente creativa.
La verdad es que he pasado más tiempo de mi vida profesional estudiando, investigando en los estudios de danza y escribiendo sobre danza que sobre psicología. Pero mi amor por el entendimiento humano, mis ganas de ayudar a las personas a que sufran menos y se entiendan y disfruten más, nunca se han ido. Con el tiempo descubrí también mi pasión por la enseñanza, mi gusto por el compartir y crear en colectivo.
El crear proyectos, escritos y danzas comenzó a tomar importancia. Los procesos creativos y pedagógicos, las relaciones horizontales, los espacios donde podía ser más expresiva, auténtica, crítica y vulnerable, comenzaron a expandirse y con ellos mi felicidad y capacidad de proponer (sin negar, por su puesto, los momentos duros e incómodos de la creación). Como dice Anna Halprin, es bello cuando el arte se convierte en esa fuerza expansiva que hace de nuestras vidas una experiencia más profunda y cuando esa profundidad hace que el arte se expanda.
Con el tiempo, los círculos comenzaron a ser para mí el espacio de contención de experiencias de vida compartidas, preguntas, procesos, talleres, rituales, danzas, etc. El tramitar en grupo se volvió ese gran espejo que me reflejaba, pero también me hacía altamente compasiva conmigo misma y con el mundo. Ahora me gusta más tener preguntas que respuestas y siento que cada una de éstas me abre un camino por recorrer con curiosidad. La danza, particularmente, ha instaurado en mí una visión que me hace entender la vida como un gran proyecto creativo, a través del cual yo misma me invento, me diseño, me hago coreografía. La danza me llamó a la acción, brindándome herramientas muy poderosas para sentirme con la fortaleza de recrearme, una y otra vez, especialmente en los momentos de cambio o de crisis. La danza trajo también mi práctica de yoga y con ésta, el impulso para despertar a una vida cada vez más clara y con intenciones más precisas.
Entre más aprendo y combino mis gustos y mis pasiones, entre más elaboro desde mi cuerpo, entretejiendo ese sentir, pensar y actuar singular, entre más alineada me siento en mi cuerpo, más ganas me dan de estar para los demás, para la vida. Mientras más trabajo en cultivar compasión, crezco por dentro porque se que aceptándome podré aceptar a los demás y así querer verdaderamente que sufran menos. Yo he viajado kilómetros externos, pero también internos, para estar preparada para el trabajo que hago.
Es por esto que tengo el gusto de crear MoVida. Una metodología que danza entre el pensamiento y el sentimiento, que crea conocimiento a partir de la experiencia y el movimiento consciente de nuestros cuerpos; que busca integrar nuestras dimensiones mentales, emocionales, sensoriales y físicas.
MoVida acompaña, guía, asiste, colabora, sugiere, provoca, e invita a cuidar y rescatar la creatividad, expresividad y singularidad de las personas para que vivan vidas llenas de vitalidad, claridad y bienestar.
En mi proceso, tanto en el estudio de danza como en la vida, ha sido importante reconocer que a veces no sé. No sólo no sé que es lo que siento, pienso y hago, sino que también, como mujer, a veces me es difícil saber qué quiero. Igual de importante ha sido reconocer que sufro, que a veces me confundo, que dudo, que me pierdo. Por esto, así como he ido recolectando principios y herramientas de movimiento de la mano de mis maestros, también he ido construyendo prácticas y saberes para estar ahí, cuando otros no saben o sufren. Para acompañar y asistir ese proceso de creación que es el camino de la vida de cada persona; para transformar el sufrimiento en conocimiento y posibilidad. Para recordar a las personas que la incertidumbre de la vida no tiene por qué causar necesariamente angustia, que esa incertidumbre se puede transitar de manera acompañada.
Nuestros aspectos físicos y psicológicos están mucho más interconectados de lo que nos han enseñado culturalmente. La manera como nos movemos por el mundo con nuestros cuerpos, refleja la forma como entendemos el mundo y viceversa. Es por esto que la danza y la vida son para mi ámbitos entre los que me es posible crear puentes, extrapolar experiencias, crear metáforas para provocar transformaciones.
A través del movimiento es posible evocar imágenes, recuerdos, verdades, visiones que cambian nuestros estados, que mueven también nuestra forma de ver el mundo. A través del movimiento es posible concretar el pensamiento. La danza es formal, pero también es atrevida, libre, arriesgada. Necesita de disciplina y atención plena; al igual que la determinación que le ponemos a nuestras metas en la vida. Implica ser altamente creativo, intuitivo; permite los contrastes, los absurdos, las sincronías, las repeticiones, los picos, las caídas; las historias, los dramas, las resoluciones, los finales felices y no tan felices. La danza y la vida son actos de composición y brotes de energía. Es cultivar formas de estar con todos los sentidos. Es estar en presencia.
Con MoVida, mi deseo es asistir tu propia coreografía, tu propio proyecto, tu proceso de actualización, de cambio, de renovación, haciéndote vibrar, sentir y crear desde tu propio cuerpo, desde tu singularidad. Mi deseo es acompañarte y apoyarte para que pases a la acción, para que hagas una realidad lo que ya eres, para que puedas expresarte en tu totalidad. Hay una frase que me gusta mucho y es que no podemos ser todo lo que queremos, pero si todo aquello que somos.
Mi tarea es colaborar, contribuir, a tu crecimiento personal; es apoyarte con la escucha profunda, hacerte de espejo, reflejarte, preguntarte, sugerirte, hacerte mover con ejercicios, ayudarte a ubicar prácticas, hábitos que te den claridad, para que tu también crees a partir de ese no saber, una ruta que te permita danzar por tu propia vida, crear diálogos amorosos contigo mismo y los demás. Para que te muevas desde el amor y no desde el miedo y la preocupación. Thich Nhat Hanh, un monje zen, budista vietnamita decía que cuando se sufre es importante tomarse el tiempo, sentarse con el sufrimiento propio, entenderlo. Pero una vez nos hemos sentado con él es importante pedir ayuda, normalmente hacemos lo opuesto. Nos hacemos más fuertes poniéndonos corazas, tensando nuestros cuerpos, creando defensas físicas y psicológicas. Pero cuando pedimos ayuda, es posible entender mejor por qué sufrimos y atravesar el impase, más seguros. Cualquier acto creativo requiere de comunicación, de la interconectividad; no creamos en una burbuja al vacío, creamos con relación a nuestras interacciones, las personas y el mundo que nos rodea. Por eso cuando sufrimos, cuando nos perdemos, cuando no sabemos, es importante pedir ayuda, buscar, ponernos en marcha. MoVida ha sido creada para acompañarte a transformar ese no saber, ese sufrimiento, en impulso para crear tu propio movimiento, tu propio camino. Para que te reconozcas en cada paso, en lo que practicas y para que entre todos construyamos espacios más inclusivos, diversos y amorosos. Por esto te invito a que te MueVas conmigo. Visita mis redes sociales @movidacc y únete a la próxima práctica de MoVida o contáctate conmigo en una llamada para asistirte directamente en tu propio proceso.

