¿Cuántas veces habremos de levantarnos de una caída en nuestras vidas?
Las caídas pueden ser físicas o mentales. Literales o metafóricas. Visibles o invisibles. Pequeñas o grandes. Significativas o insignificantes.
El caso es que caemos constantemente a lo largo de nuestras vidas. Caemos para aprender a caminar, cuando jugamos, cuando aprendemos una habilidad nueva, cuando nos retamos, cuando tomamos impulso y no nos alcanza la fuerza para alcanzar nuestra meta, cuando nuestras expectativas no coinciden con nuestra realidad, cuando nos sentimos decepcionados, cuando cargamos mucho peso, cuando acumulamos historias que no podemos sostener más, cuando nos rendimos. Algunas caídas son voluntarias, otras son accidentales.
Dentro de la danza moderna, la caída y la recuperación son un concepto fundamental que ha permitido su desarrollo desde sus inicios. Acuñado por Doris Humphrey en 1920, la caída y la recuperación dieron pie a toda una técnica dentro de la danza en la que el estudio de los ritmos corporales desde esta perspectiva (respiración, verticalidad y entrega de peso, estados emocionales) pautaron un lirismo propio de la danza en esa época.
Como legado en la actualidad, los bailarines estudiamos nuestro cuerpo y nuestro movimiento con relación a la gravedad. Estudiamos cómo desafiar esta fuerza y cómo utilizarla para ganar momentum, para entregar nuestro peso, para morir y renacer en la escena, en la práctica, en la creación.
Las caídas entonces demandan un momento de desequilibrio, de tropiezo, de incertidumbre, de vacío, de descontrol en el sistema, ya sea, como he dicho anteriormente, provocado intencionalmente o causado repentinamente. Las recuperaciones nos exigen una recomposición, el uso de apoyos, empujes. Implican un renacer energético para combatir ese estado cero, límite, que define la caída.
Cuando caminamos estamos constantemente cayendo y recuperándonos, soltando y retomando control de nuestro peso, de la contracción de nuestros músculos, de nuestro equilibrio. Es en este ir y venir que encontramos un equilibrio dinámico y también un avance hacia nuestra meta, si pensamos que caminamos para desplazarnos de un punto a otro.
Así funcionamos, en la danza y en la vida, y sin embargo, las caídas nos atemorizan, a veces nos paralizan. Tomamos más tiempo del necesario rendidos, tirados, sin hacer uso de nuestros recursos para recuperarnos. Fantaseamos una vida sin caídas, por lo que no nos permitimos soltar, tropezar, arriesgar, experimentar, probar, explorar o quizás, peor, olvidamos que la una –caída, está acompañada de la otra –recuperación. Las caídas y las recuperaciones son una cadena de continuidad que abre sólo la oportunidad para el aprendizaje, para hacer camino. Si las entendemos e integramos así, como continuidades.
En mi viaje me he caído muchas veces, literal y metafóricamente, visible e invisiblemente, por períodos cortos y largos, insignificante y significativamente, creo que de todas las formas posibles. Tanto en mis prácticas de danza y yoga como en mi vida, si es que en este punto puedo separar una práctica de la otra. Mi aprendizaje máximo ha sido ver la moneda completa, sus dos caras.
Es integrando como he visto y sentido, vivido, la magia. Si. Hay algo mágico en las caídas…éstas nos conectan con nuestra fuerza para volver a pararnos.
Es en ese punto –donde juntamos la caída con la recuperación– en donde encontramos el valor del equilibrio, de nuestra resiliencia; de nuestro poder interno, tanto físico como mental, visible e invisible. No podemos crecer, evolucionar, transformarnos, avanzar, sin las micro y macro sacudidas que nos dan las caídas, sin tocar el piso, sin volver a impulsarnos, pararnos de nuevo. Ya sea para dar un salto, girar, danzar tres o cuatro pasos más y volver a caer o tirarnos, desmoronarnos, quebrarnos o derretirnos, apoyarnos. Ya sea para descansar, meditar, aquietar y volver a emerger.
Normalmente, siempre emergemos más fuertes, más sabios, más cautelosos, más expertos, pues vamos conociendo límites y apoyos. Hacemos de nuestra cerebro, de nuestras articulaciones, de nuestros huesos, sistemas, estructuras más flexibles. Vamos encontrando la cualidad de la maleabilidad, del rebote, de lo poroso.
Nos vamos volviendo estructuras que tienen la fuerza del sostén pero también de la reacomodación. A veces cedemos y permitimos, a veces ponemos límites y nos mantenemos firmes. Estamos en constante transformación, somos sistemas continuos. Aprendices por naturaleza. Esa es nuestra esencia.
Caerse para no volver a caer sería como querer detener el flujo de la vida misma. Entonces más bien nos equipamos, vamos ganando herramientas, conocimiento y amor propio, aceptación, confianza, valor, coraje y vamos sorteando nuestra propia y única danza.
Por eso, te invito a que caigas y te recuperes. Permite que suceda accidental y voluntariamente, el miedo lo vas a ir venciendo.
Cáete sabiendo que la vida es una sucesión de… caídas y recuperaciones…
@jaimele14 @glcruz0309



